PRÁCTICA 1: HERIDAS
Heridas. Agujeros sangrantes, huellas de dolor.
Hay heridas recientes, sangrantes, dolorosas, que aún supuran el líquido vital.
Hay heridas antiguas, cicatrices, marcas, testigos aún presentes del dolor pasado, poco a poco curado, aún sin olvidar.
Hay heridas que no cicatrizan, se quedan abiertas, pues es imposible curarlas, solo están ahí, enseñando al mundo un punto débil, que jamás se fortaleció.
Heridas oscuras, con costra, duras.
El árbol, con toda esa corteza, tiene las carnes abiertas, las extremidades mutiladas, muchas posibilidades u opciones capadas.
Recuerda un poco al camino de la vida, con todas las vías que no tomamos, las decisiones que negamos, las posibles vidas que sacrificamos, por otra, mejor a nuestros ojos.
Pero esa decisión es nuestra.
El árbol no la ha tomado.
La toman por él.
Pobre árbol, manipulado al antojo de otros, sin libertad para campar a sus anchas, para crecer y expandirse por todas las vías.
No es que lo maten poco a poco, sino que le cortan las alas.
Pero el árbol no cede, no ceja en su empeño de crecer.
No se rinde.
Y de lo que parece muerto, florece la vida, poco a poco.
Sin hacer ruido y de puntillas.
Poco a poco, pero hacia adelante, hacia arriba.
Poco a poco sigue la vida.

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