En(poder)amiento.
Desde la calle, ya sabía lo que había venido a hacer. Desde fuera, mis ojos ya habían buscado lo que querían. Y lo encontraron. Encontraron a una bella mujer, pura, fuerte, humana. La encontraron en una esquina. Siempre relegada, dejada atrás, por su amor al hombre. Siempre cubierta, detrás de un entresijado velo. Siempre oculta, como si las sombras fueran su ecosistema natural. Como todas las mentiras, la de que la mujer era débil y pequeña también es como una tela de arañas. Incluso Venus, la diosa del amor, de la femineidad, de la sensualidad, protege su cuerpo de miradas indiscretas. No parece que le pertenezca. No parece que sea suyo. No parece Venus, fuerte, poderosa, una diosa. Parece una niña pequeña que trata de cubrir su cuerpo con vergüenza. Desde el inicio de los tiempos, la mujer ha querido volar. Pero algo no la dejaba alzar el vuelo. Ese algo es una piedra...

