Con las lentes abiertas para captar lo inevitable.
Fotos a fotos.
Fotos de momentos.
Instantes.
Que nunca volverán, y que, sin embargo, nunca morirán.
Manos frías. Duras.
Manos con historia. Sin dedos. Y con alma.
Manos con mensaje.
Autosuperación.
Miradas perdidas, tímidas, asustadizas.
Rehuyen la cámara, como si les fuera a robar el alma.
Un alma ya vendida. Que ya tiene dueño, aunque no sea quien le pertenezca.
Una inmensa tristeza escapa de los ojos.
Arde más que una lágrima.
Colores vivos para adornar la vida.
Colores que recuerdan a la noche estrellada.
Colores de Can Gogh, donde no pintan nada.
Un cachorro de perro se esconde bajo la cama.
Y una mujer nos da la espalda.
Un niño mirando al horizonte.
No mira hacia atrás, pero tampoco corre.
Busca la salida, y la teme.
¿De qué huye?
De la crueldad humana.







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